El cornerismo no es ninguna secta. Pero en caso de serlo, soy vuestro gurú. Agasajadme...
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jueves, 10 de noviembre de 2016
miércoles, 15 de junio de 2016
jueves, 14 de mayo de 2015
La relatividad y la Huelga de futbolistas
Sé que la de los futbolistas va a darme un montón de palos. Pero qué queréis que os diga. Me va la marcha.
¡Un abrazote!
miércoles, 1 de abril de 2015
La ley mordaza y El convenio de Ginebra
Hala, ya estamos en Abril. Así, sin enterarnos. Te vas a dormir y al despertar ves que han hecho un cambio de mes. Este cuerpo no está preparado para cambios de semejante magnitud...
¡Un abrazote!
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viernes, 27 de marzo de 2015
Se aprueba la ley mordaza y el Blanqueo de Capitales
Y para celebrar la aprobación de la ley Mordaza, estas cuatro viñetas que cuentan el proceso de regalo.
¡Un abrazote y feliz fin de semana!
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lunes, 25 de agosto de 2014
León de la Riva, bibliotecas y el pago de derechos de autor.
Ha empezado la liga, Messi me ha devuelto la sonrisa y se acaban las vacaciones (de los demás).
¿Se puede empezar mejor la semana? ¡Desde luego! Pero soy realista. Estas son de las pocas cosas que me puedo permitir para subirme el ánimo. Así que mientras canto don't Worry be Happy me voy a pegar una duchita y a esperar reacciones de las viñetas del día, que no son las mejores, pero están hechas de buen humor.
¡Un abrazote!
¿Se puede empezar mejor la semana? ¡Desde luego! Pero soy realista. Estas son de las pocas cosas que me puedo permitir para subirme el ánimo. Así que mientras canto don't Worry be Happy me voy a pegar una duchita y a esperar reacciones de las viñetas del día, que no son las mejores, pero están hechas de buen humor.
¡Un abrazote!
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martes, 4 de febrero de 2014
04 / 02 / 14
Cornerrollo diario
Estoy harto de escuchar la eterna reivindicación femenina acerca de las
tallas de ropa que ofrecen las casas de moda. No porque no sea totalmente
legítima y necesaria, no entiendo que mujeres con cuerpos estupendos no puedan
lucir su figura más allá de una talla 38, sino porque entre la maraña de quejas
nos encontramos los grandes olvidados.
Los poseedores de pies pequeños.
No, no soy un hombre mecedora. Ya sabéis de qué hablo. Tíos que en vez de
pies parece que lleven esquís, como aquellas figuritas con peso en la parte
inferior que se balancean si los tocas y siempre recuperan su posición
vertical. Y estoy muy orgulloso, porque ya sabéis qué dicen de los hombres con
pies pequeños (poner aquí un elogio que pueda utilizar en posteriores
ocasiones, gracias)________________________________________________
Desde que mi pie alcanzó su medida ideal, siempre he tenido problemas para
encontrar calzado de mi talla. Antes, en la antigüedad, en la edad media de las
zapatillas deportivas, la era de los orcos y las Jordan, era un problema menor.
Siempre podía acceder a la sección infantil y encontrar algo que se ajustara.
Cierto, pasé mi adolescencia (que edad más mala y granada) y la mitad de
mis primeros 20 con zapatillas con dibujitos de tigres, spidermans,
corazoncitos y purpurina (¡gracias, sección femenina!) y algún que otro
Dartacán. No puedo decir que no fueran
chulas, que lo eran, pero destacaban un poco cuando te estabas haciendo el
hombre y diciendo delante de tus amigos que ya habías tocado una teta (en el
metro, en hora punta, en invierno, con siete capas de ropa por encima, pero
pecho al fin y al cabo).
Peor hubiera sido tener que ir descalzo. Más que nada porque entonces
debería haber encontrado un perro famélico a juego con mis pies negros con el
que pasearme. Y me gustan los perros, todos sabemos la historia de Ricky Martin
y la mermelada, pero tengo la piel delicada y odio los callos en general (en el
pie, en potaje y en persona).
Y todo hubiera quedado ahí si, de pronto, alguien, una mente preclara y
adelantada a su tiempo, su espacio y con pies gigantes, seguro, no hubiera
decidido que la sección infantil acabara en la talla 38 y la adulta comenzara
en la 40.
Parecía como si el 39 nunca hubiera existido. Los comerciales me miraban
interrogantes en las zapaterías. ¿39? ¿Está seguro que alguna vez existió
semejante talla? Me invadió la paranoia. ¿Estaría en una especie de Mátrix
podal? ¿Habrían menguado mis pies? Peor. ¿Habría menguado algo más de mi cuerpo,
algo mucho más importante como (mal pensados…) mi inteligencia?
Los estantes con el 39 seguían allí. Pero estaban vacíos. La respuesta era
siempre la misma. Se han agotado. No tenemos. Nunca llegaron. Me señalaban por
las calles como los ultra cuerpos chillando ¡39!¡39!¡39!
Y llegó el Decathlon. Con su web y su stock. Y mi vida cambió para siempre.
Abandoné la purpurina, a Dartacán y a Willie Fog. Y, sin embargo, mi vida
social y amorosa no cambió. ¿Sería cierto entonces, que no se debía a un
problema podológico? Ya se verá. De momento salgo por pies de este rollo con un
gran
¡Abrazote!
P.D. (noventero) Tampoco me hacen descuento en los masajes de pies.
¡Vergüenza!
jueves, 30 de enero de 2014
30 / 01 / 14
Cornerrollo diario
Hay días que te levantas con el pie derecho (sobre todo los zurdos). Has dormido
mal, tienes sueño y te invade lo que comúnmente llamamos cabreo de incógnito.
¿Por qué de incógnito? Sencillo. Porque por mucho que te lo indiquen, vas a
negar durante el resto del día que estés cabreado.
Empezará con tu viaje diario al trabajo, a la escuela o allá donde quiera
que vayas por la mañana. Lo que en general es rutina, de pronto se convierte en
algo diseñado, planeado y perfectamente ejecutado para sacarte de tus casillas.
El hombre que no atina a meter la tarjeta del metro en la ranura se
convierte en tu némesis matutina. Estarás a escasos segundos de arrebatársela
de la mano, picar por él y soltarle, siempre conservando la compostura y los
buenos modales, que si tan difícil le parece meter la tarjetita, no sabes qué
hará con su pareja en la cama.
Continuará con los músicos que deleitan nuestras mañanas con dulces apuntes
de reggaeton rumano o imitaciones (corporales, que no de voz) de Elvis Presley,
a los que desearás enjuiciar como se hacía antaño, con un buen cepo y un hierro
al rojo para marcar reses.
Tus compañeros de trabajo harán lo imposible para que notes en cada uno de
sus gestos lo inútiles que son. Tu jefe, en general sólo odiado en la medida en
que te explota y te fustiga con látigos imaginarios, aparecerá colgado por sus
partes en una horca casera que habrás diseñado en tu imaginación en un alarde
de ingeniería aplicada.
La hora del café se verá animada con tus gruñidos, que no palabras, como
respuesta a todo intento de iniciar una conversación. La vuelta a casa será un
calco a la matutina, y creerás reconocer al estúpido que no sabe qué hacer con
su pareja en la cama, al exitoso Reggaetonero rumano y al Elvis pastillero,
aunque ahora vaya disfrazado de Freddy Mercuri amostachado.
Llegarás a casa, cerrarás la puerta con un sonoro portazo para indicar al
vecino que hoy no estás de humor para escuchar, como escuchan, gracias al
volumen que aportan dos bafles de 60W (qué buena es la tecnología), todos los
vecinos del bloque, el Sálvame vespertino y te estirarás en el sofá con un vaso
de leche con Cola-cao calentito en el que se diluirá toda la mala leche del
día.
Será entonces y sólo entonces cuando reconocerás, aunque a regañadientes,
que quizás hoy no ha sido tu mejor día. Pero qué narices. ¡Mi cabreo es mío!
¡Un abrazote!
P.D. Con tanto rollo tengo grandes posibilidades de triunfar en el ramo del
Kebab.
sábado, 9 de febrero de 2013
martes, 30 de octubre de 2012
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