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jueves, 11 de febrero de 2016

El caso Noos y los jueves



El jueves es como un feliz No cumpleaños.

¡un abrazote!

martes, 12 de enero de 2016

La infanta y la teoría de la relatividad



Aunque para relativa la comida que me voy a hacer hoy.
A otros les parecerá sólo un bocata de queso. Para mi es el menú diario.

¡Un abrazote!

viernes, 12 de junio de 2015

La exduquesa y los ahorros


Por fin es viernes. Hoy seguro que mojo.
La cama supurando cerveza.

¡un abrazote!

martes, 9 de diciembre de 2014

Alfonso Rojo, la entrevista de Pablemos y la desimputación de la infanta.



Cuesta reincorporarse después de descansar tres días. El cerebro se acostumbra a tele 5, el cuerpo al chocolate y la mano a... A lo que suele estar acostumbrada. 

En fin, de vuelta, aunque con una semana un poco más corta, que siempre es un consuelo.

Ah. sí, os dejo también la viñeta del día 6, que se olvidó colgarla el último día.

¡Un abrazote!



miércoles, 25 de junio de 2014

Imputación de la Infanta, San Juan



Reconozco que este sí que ha sido un puente de los que he disfrutado haciendo lo que yo llamo, "el Nada".

Consiste básicamente en dormir, descansar, recargar pilas, salir el día de San Juan, tener un colapso nervioso gracias a los petardos, dormir de nuevo, sudar en el sillón resacoso (yo, no el sillón), abrazar al ventilador, ver películas de categoría mala a horrenda/vergonzosa y caer rendido el Martes a última hora para tener un aspecto más que aceptable.

Y ahora a aprovechar la reserva de energías acumuladas para empezar a trabajar en serio (que no se me da tan bien como hacerlo en broma) y a seguir divirtiendo con viñetas diarias mientras se me acumulan lagos sudorosos en las axilas (Por favor, que alguien rece al Dios del viento para que haga un apaño en mi habitación).

¡Un abrazote!

viernes, 7 de febrero de 2014

07 / 02 / 14


Cornerrollo diario

Decir que no sé nada de coches es poco. La última vez que me quise hacer el machote y rellenar el depósito de agua de los limpiaparabrisas, acabé metiendo agua en el agujero equivocado (¡qué buen nombre para una peli porno mecánica!).

Con este dato en mente, tendréis que comprender que cada vez que voy al mecánico, me siento un náufrago en una isla en la que todo el mundo habla klingon, juega a klingball y practican el sexo tanklingon.
Y aunque de verdad intento conectar, es decir, no parecer un auténtico imbécil, siempre pasa algo que estropea la jugada.

Hoy he ido a cambiar los neumáticos (el lunes tengo la exploración rectal gubernamental, llamada comúnmente ITV). Antes de nada, he hecho una exploración en la web para informarme de todo lo necesario.  Escuchad la música de CSI e imaginad el momento “montage” (pronunciado mountashhh)  en que los científicos hacen los descubrimientos necesarios para coger al actor invitado y famoso que todos sabemos que es el malo del capítulo (ups, spoilers alert!). Pues eso mismo he hecho, Gafas en mano, pasando de una web a otra, concentrándome en los detalles. Casi tres minutos después tenía lo que quería. Las medidas exactas de mis neumáticos. Confiado y seguro, he llegado al mecánico.

En términos biológicos, supongo que para el mecánico soy un cervatillo asustado y perdido. Una presa fácil a la que atrapar y desangrar (no en el sentido de engañar, sino en el de pasar un rato divertido a mi costa) Al verle, he respirado hondo. Con mi ristra de medidas memorizadas, repitiéndolas como un mantra en mi cabeza para no tener que sacar el papel donde lo he apuntado y parecer un experto en la materia, me he acercado con paso decidido. Él, todo virilidad, con su mono engrasado, músculos tensos, perlas de sudor corriendo bajo la piel (sí, mi mecánico está bueno), trabajando agachado sobre un motor, me ha hecho un ¡Chist!, ya sabéis el “te levanto un dedo porque estoy muy concentrado y quiero acabar esto antes de atenderte”, que me ha dejado totalmente descolocado.

He esperado, esperado, he mirado mi móvil, he fingido utilizar mi móvil, he fingido que tengo tanta vida social que no paraba de enviar whatssapps, he estudiado cada una de las grietas del techo, he medido mentalmente mis zapatos, he mirado su culo (más como un artista mira una obra de arte que como un viciosillo sexual)y entonces se ha girado. ¡Dime!

Le he informado de que quería cambiar las ruedas y cuando estaba a punto de soltarle mi ristra de números tan bien memorizados, me ha preguntado por la anchura. ¿El qué? Yo tengo una lista de números. ¿Cuál es la anchura?¿Se los digo todos?¿Le enseño el papel?¿Me rasco la barbilla como si estuviera reflexionando profundamente?... Y aunque todo esto parecen pensamientos relámpago que cruzan  tu mente en cuestión de nanosegundos, en realidad no es así. Me ha mirado con compasión, todo yo una babosa balbuceante lleno de, este, er, mm, aa, me ha dado un buen (y viril) golpe en la espalda y me ha dicho. ¡No te preocupes, ya te lo miro yo!

Así que ya está- una vez más. El imbécil del mecánico. Hay que aceptarlo y decir, pues sí. No entiendo tu idioma. ¡Pero me encanta tu trasero!

¡Un abrazote!


P.D. No, no voy a colgar una foto del trasero, viciosas… O viciosos.

martes, 28 de enero de 2014

28 / 01 / 14



Soy un defensor del buen dormir, del sueño reparador, de los sueños en general y de los eróticos en particular. El descanso cerebral es la clave para una vida sana y plena.

Establecida mi postura, no acabo de entender el por qué de la obligación del sueño en pareja. Claro, hay amor, nos abrazamos, despertamos con mal aliento y pelo embrujado. Lo entiendo. Pero no estoy hablando de eliminar la intimidad, de habitaciones separadas o la supresión del erotismo con pijamas de felpa. Sólo hablo de dormir.

A no ser que tengas una cama tamaño XXL, las noches empiezan con un juego "Kamasutresco" en el que se lucha por conseguir la posición ideal de descanso. Puedes encajarte en modo Tetris por detrás. Lo cual nos deja con un desagradable almuerzo de pelos y la colocación del brazo imposible. Ya sabéis a cuál me refiero. El que queda debajo. ¿Lo sacas y lo colocas junto a su espalda? Provoca lumbago. ¿Por encima de la cabeza? Parece que estés durmiendo pidiendo la cuenta en un Bar. Y sí, siempre se te acaba durmiendo.

Probemos al revés. Ella se encaja tras de ti. Esos pechos que en cualquier otra situación diaria sólo provocan alegría y entusiasmo, se te clavan en la espalda como hastas de toro arqueándote de modo antinatural. El brazo por encima de tu cuerpo es agradable, peró según pasan las horas, parece que aumenta de peso hasta aplastarte.

Cada uno a un lado, entonces. Como dos boxeadores escupiendo sangre a un barreño en un ring. Sí, puedes conciliar el sueño, pero al sonar la campana; empiezan las hostilidades. Un movimiento en falso. patadas extraviadas, codazos sutiles...Todos orquestados con el simple propósito de desvelarte.

No me entendáis mal. Me encanta el contacto físico, las caricias, los mimos que te hacen estremecer. ,Pero acabado el juego: camas individuales.

¡Un abrazote!

P.D. Lo sé. Acabo de escalar seis posiciones en la escala de rancio.






miércoles, 22 de enero de 2014

22 / 01 / 14





Hoy he sufrido un ataque de lo que vulgarmente llamamos "Burocratitis". Si, amigos, una dolencia común que todo el mundo ha de padecer a lo largo de su vida y cuyos síntomas más significativos son, por este orden, calma, modorra, paciencia intranquila, impaciencia, hartazgo, ira contenida, ira creciente y, finalmente, ira desbocada con tendencias homicidas. 

Con el tiempo y las bofetadas, he aprendido que, como en el fútbol, no suelen ser los jugadores los que fallan, sino que es el sistema en el que se ven obligados a jugar. Eso, unido a los recortes, las mofas generales que han tenido que aguantar a lo largo del tiempo por ocupar un cargo que, recordémoslo, se han ganado, haberlo hecho tú, listo, y la mala leche que circula en el aire, no hacen sino ganarse mis más sinceras simpatías.

Dicho esto, también estaremos de acuerdo en que este sistema perverso ha creado, dentro de este grupo de sufridores, una categoría especial de individuo al que yo llamo, sin ser mínimamente espiritual, Satanás. Lo reconoceréis en el acto. 

Su manera de indicar que ha llegado tu turno, es el mismo gesto que supongo en los Emperadores de la antigua Roma antes de tomar la decisión de premiar a los leones con una merienda cristiana y un yogurt. No pregunta, incide. Le molesta tanto el motivo de tu presencia como tu presencia corporal. Te muestra lo estúpido que eres y recibe las preguntas como un ataque de cimitarra que hay que esquivar. Acaba proponiéndote una salida que ambos sabemos no conduce a ninguna parte y, eso sí, al alejarte, deja entrever un par de esos colmillos a los que llama sonrisa mientras recibe a su próxima víctima. 

Si lo veis, evitadlo. Vale la pena coger otro número y esperar 15 minutos más. Lo vale. De verdad. Si tienes que lidiar con él, no lo mires a los ojos. Como los osos, puede tomarlo como una afrenta. Baja el tono de voz. No te muestres simpático, tan solo eficaz. No has venido a hacer amigos. Asiente a todo lo que diga. Una vez. Dos significa pelea. Aguanta la respiración y elude las ofensas. Y así, quizás, sólo quizás, puedas conseguirlo.

¡Un abrazote!

P.D. Sí, era funcionaria y capulla. ¿Veis que fácil resulta separar el trabajo del tipo de persona?


martes, 14 de enero de 2014

14 / 01 / 14

Las viñetas de hoy están dedicadas a mis tíos y a mi prima. 

Nunca es fácil perder a alguien de una forma tan dura y tan injusta. Más cuando se es tan joven. 

Sé de buena tinta que ella leía las viñetas. Y algunas incluso le gustaban. Y aunque son momentos en que reír parece imposible, nunca dejaré de intentar provocar vuestra sonrisa.

Un abrazo muy fuerte para los dos.





miércoles, 8 de enero de 2014

08 / 01 / 14

He utilizado multitud de ascensores a lo largo de mi vida (sufro de una rara variedad de fobia a las escaleras por su extraña dualidad para subir y bajar al mismo tiempo) y hasta que me trasladé a mi nueva vivienda, nunca había visto una variedad semejante.

Los he visto anchos, alargados, nuevos, de la vieja escuela, aterradores, innovadores, con hilo musical, con voz que anuncia obviedades (estamos subiendo)... 

Pero en el caso que nos ocupa, hablamos del ascensor tipo ataúd.

Lo reconoceréis fácilmente porque suele ser una caja en la que apenas caben dos personas, y en el caso de que ocurra el milagro, y ambos logren encajarse, deberán ponerse de acuerdo para coordinar las respiraciones si se quiere tener un viaje sin roces. 

Comprenderéis que viajar de este modo dificulta enormemente las interacciones sociales. Ya no puedes mirar al techo para simular una gran curiosidad por la arquitectura de la caja, o utilizar el móvil como un futbolista saliendo del autocar, para simular una enorme vida virtual, si no quieres acabar tocando partes de tu vecina que, aunque estimulantes, puede enrarecer la vida comunitaria. 

Toser está prohibido, por supuesto, y hablar del tiempo cuando ambas narices se encuentran a escasos milímetros de iniciar un intenso morreo esquimal no resulta adecuado.

Después de probar y probar, he comprobado que la única manera de sobrevivir a un viaje semejante es utilizando la estrategia del Twister. Sí, utilizad el viaje como el inicio de un juego. Sacad la ruleta y empezad. Mano derecha a botón izquierdo. Mano izquierda sujeta espejo. Y así hasta llegar a tu piso dónde podrás comentar con tu agradecido acompañante quién ha sido el ganador esta vez. Alegra el día, crea buen rollo vecinal y, como ya piensan que soy rarito, tampoco se pierde gran cosa.

¡Un abrazote ascensoril!

P.D. Por las noches a veces veo escalones...





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