martes, 4 de marzo de 2014

04 / 03 / 14


Cornerrollo diario

Para aquellos que habitualmente trabajamos en casa, las rutinas se convierten en algo esencial. De no ser así, puedes caer con facilidad en una espiral horaria que termina contigo almorzando a las 2 de la tarde, empezando a trabajar a las 4 y pidiendo un kebab a las 5 de la mañana.

Hay cientos de formas de marcarte un horario. Puedes optar por crear elaboradas tablas de Word con colorines vistosos, crear un entramado de alarmas que suenen a horas dispares o grabaciones musicales temporizadas. Pero al final, lo que realmente funciona, son los mapas sonoros.

¿Qué es un mapa sonoro? Ahora mismo lo explico. Antes, aclarar que no todo el mundo tiene la suerte de poder utilizarlos. Para empezar, es indispensable vivir en un bloque de pisos con multitud de amistosos vecinos y contar con el beneplácito de un constructor sin escrúpulos que crea que la contaminación acústica es todo álbum musical publicado después de los 80. 

Si has sido agraciado con todos estos elementos (paredes de papel de fumar y gente, mucha gente a tu lado) puedes empezar a fabricar tu mapa sonoro. 
En mi caso, el día empieza a las ocho y media de la mañana. ¿Es la hora a la que suena el despertador? ¡No! Es la hora a la que los vecinitos del sexto, que supongo deben tener entre seis y nueve años, bajan con su madre para ir al colegio. Entre los dos, consiguen una armonía vocálica digna de los niños cantores de Viena, y que empieza con un ¡AAAAAAA! lejano que incrementa su intensidad conforme el ascensor desciende para acabar con un ¡IIIIIIIII! Más lejano aun cuando el ascensor llega a la planta baja. ¡Hora de levantarse!

Tras el café, un repaso a los periódicos internáuticos y vestirse o no dependiendo del estado sexi en que me encuentre, llega el momento de poner manos a la obra. En esta ocasión, es una vecina (desconocida), situada entre uno y dos pisos por encima, la encargada de darme el aviso. Su visita al lavabo, que empieza con una ristra de arcadas y toses digna de un fumador de 90 años y acaba con el vómito (sí, vómito) que provoca un ¡CHAF! acuoso y nauseabundo, hace que cualquier rastro de hambre que quedara en mi interior desaparezca y quiera encerrarme en mi cuarto a trabajar.

Puesto en faena, divido la mañana en un par de proyectos para no quemarme demasiado las neuronas. EL momento de cambiar de uno a otro, está patrocinado íntegramente por el cartero comercial que tiene la delicadeza de llamar a TODOS los timbres del edificio no menos de TRES veces. El efecto es curioso porque puedes escuchar como los ¡RINGS! Suben las escaleras como si de un humano con campanillas en los tobillos se tratara. ¡Cambio!

El siguiente interludio llega a la hora de comer. A eso de la una y media, mi vecino, que vive puerta con puerta, muy majete, por cierto, llega de hacer lo que quiera que haga durante la mañana, abre la puerta y suelta un ¡SE PUEEEEEEEEEEDE! que retumba en todo el edificio. ¡una voz de mujer, supongo que es la señora de la limpieza, contesta con un aflautado ¡Paaaaaaaaaaseeeeeeee! Que si bien no llega a las cotas energéticas del grito anterior, no tiene nada que envidiar a una Laura Pausini en sus mejores tiempo. ¡Lunch Time!

Después de comer y preparar un buen cortado anti sopores, es momento de volver a la carga. Y quién mejor que mi vecino de arriba, al que no tengo el placer de conocer, para dar la nota de aviso. El hombre (o mujer) cada día, a las tres y media, tiene la necesidad de mover un sillón (mesa, silla, cuerpo moribundo) desde la entrada hasta el salón. Un ¡ÑIIIIIIIIIIIIIIIIIII! Que se desplaza por el techo como los fantasmas de la peli de Amenábar y que acaba con un sonoro suspiro de satisfacción (dolor, tensión, terror). ¡A trabajar!

Para terminar el día, nada mejor que cerrar el círculo. Y por eso, a eso de las 5 y media, regresan mis vecinillos del coro, cambiando, eso sí, sus ¡AAAAAAAAs! e ¡IIIIIIIIIIIIIIs! por insultos y golpes del tipo ¡JOOOOOOOOOO! ¡VAAAAAAAA! ¡ES MÍIIIIIIIIIIOOOOO! Que acaba con un portazo que hace temblar la taza de lápices que tengo sobre el escritorio que dice, ¡It’s Over man!

Y hasta aquí puedo leer. Cread vuestro propio mapa sonoro, o mejor aún, formad parte del mapa sonoro de alguno de vuestros amistosos vecinos. Os lo agradecerán.

¡Un abrazote!

P.D. Veremos si hay algún sello discográfico dispuesto a publicar mi mapa sonoro.

lunes, 3 de marzo de 2014

03 / 03 / 14



Hoy no hay Cornerrollo. Pasarse la noche jugando al Oscar chupito, aunque sea por fines culturales, es demasiado duro para las neuronas. Aún así, de regalo, recupero una viñeta de los Oscars del año anterior que sigue resultando tristemente actual.

¡Un abrazote!

P.D. ¿12 años de esclavitud es una peli distópica sobre la posible victoria del PP durante tres legislaturas seguidas?



viernes, 28 de febrero de 2014

28 / 02 / 14



Cornerrollo diario

Llegan los carnavales y con ellos el ansia de hacer el idiota que haces en general cada fin de semana, pero estilizado. Claro que en los tiempos que corren, hacerse con un buen disfraz queda totalmente descartado. Si hace años que no recuerdo cómo es el sabor del jamón dulce original (sigo comprando ese sucedáneo que llaman york y que sabe a rayos) menos voy a gastarme un duro en ropa que sólo voy a utilizar una vez (o varias si al final acabo haciendo algún show en el metro para ganarme la vida, como dicen, esa es otra historia).

Teniendo eso en mente he cogido mis bártulos de pensar (me he peinado) y me he dirigido al bazar chino de la esquina para inspirarme. Después de un cuarto de hora paseando, y del tercer aviso del propietario (¿Tú buscas algo?) me he ido con unas cuantas ideas. 

Aviso. Son disfraces de mierda. Pero son simpáticos. Ninguno de ellos supera los 5 euros de gasto. 

1. Compra pintura roja (la de acuarela, no la de pared, no seas bestia) y un alfiler. Píntate la cara y ¡uala! Felicidades. Eres una almorrana. Ya puedes pasearte pinchando culos toda la noche con una sonrisa (Este es el anuncio de una acción que puede producir golpes, improperios y ataques, en caso de duda consulta con alguien con más cerebro que tú)

2. Compra un molinillo de viento, de esos que usan los niños para jugar y encájalo en un bote de champú acondicionador. Excelente. Ya puedes pasearte haciendo girar las aspas de tu nuevo juguete gritando que eres un aire acondicionado. ¿Es malo? Malísimo. Pero asegura alguna que otra sonrisa.

3. Coge un folio y colócalo horizontalmente. En el dibuja dos líneas rectas equidistantes. Sobre la primera, en letra clara, escribe: El contratante. Sobre la otra: El contratado. Ahora firma sobre las líneas (dos firmas distintas se entiende). Solucionada la primera parte, vístete de la peor forma posible. Totalmente desconjuntado y altanero y engancha la hoja sobre tu pecho. Cuando te pregunten (que lo harán) di que vas de contrato indefinido (aplauso mental por catastrófico)

4. ¿Sois un grupo? ¿Ni un duro? Fácil solución. Comprad cuerda en el chino (va a 50 céntimos el metro) y ataos todos por la cintura. ¿Qué tenemos aquí? Nada más y nada menos que una red social (Si hay algún artista, incluso se puede currar el logo de Facebook o Twitter o lo que sea. Y si no, lo imprimís, que son 30 céntimos)

5. Comprad una bolsa de gillettes de esas desechables. Juntad tres folios con celo y haced el típico barco de papel para que sirva de sombrero. Una vez terminado y asegurado de que os encaja en la cabeza, enganchad con cola blanca las maquinillas de afeitar como si fueran pasajeros del barco. Añadid el título: Melilla en el barquito de papel y ya lo tenéis. Sois una estupenda valla de melilla.

6. ¿Estás realmente fuerte? Quiero decir cachas, cachas, en mayúsculas. CACHAS. ¿Tus bíceps rompen más  camisetas que el increíble Hulk? Felicidades. Sólo tienes que apropiarte de una Biblia y serás la perfecta CICLOGÉNESIS.

7. Compra un flotador, de esos que están pensados para rodear tu cintura y un mechero. Infla el flotador y colócatelo. Ahora, cada vez que te muevas, alza el brazo sujetando el mechero dando chispazos. Eres un auto de choque humano. 

8. Si no eres un ser especialmente social. Si cada una de tus palabras está pensada y macerada para ser una bordería, estupendo. También lo tienes fácil. Camina siempre alejado a un paso de todos tus amigos, tanto en la calle, como en los bares, como en las discotecas. Cuando te pregunten, di que representas la deriva separatista
.
9. Compra una cartulina blanca. Colócala de forma vertical. Ahora toca dibujar. Pero no te apures. No hay que ser un maestro del arte para lo que te propongo. Has de dibujar el aparato digestivo. En simple, primero dibuja un tubo (la faringe/laringe). Después un segundo tubo más corto (esófago). El estómago. Un tubo enrollado que hará de intestino delgado y grueso. Ahora cuélgate la cartulina al pecho. El intestino debe acabar justo en tu cintura. Suponiendo que vas a estar bebiendo como un poseso durante el resto de la noche, felicidades. Eres la explicación del ciclo del agua.

10. Por último, más que nada porque el dueño se impacienta, compra una caja de cartón. Ciérrala bien. Practica una hendidura fina en la tapa. Ahora sólo falta que escribas en la caja que eres un referéndum y escribir tres preguntas (las que tú quieras) para que la gente vote. Sé creativo. ¡Y no te olvides de las octavillas (papeles en blanco) para que la gente pueda votar! ¿No se te ocurren preguntas? Un ejemplo. A) ¿Quieres que este tipo sea feliz? B) En caso afirmativo, ¿Querrías ser tú la causa de su felicidad?

En fin, espero que alguna de estas ideas os ayuden a elaborar vuestro disfraz carnavalero. Entre tanto, pasadlo bien y…

¡Un abrazote!

P.D. Prohibidos los móviles esta noche. Las fotos que se saquen os acompañarán…Siempre.

jueves, 27 de febrero de 2014

27 / 02 / 14



Cornerrollo diario

Caminar por Barcelona debería considerarse un deporte de riesgo. Ya no se trata solamente de esquivar coches, saltar motos o evitar a taxistas homicidas, no, con la llegada del siglo XXI, la crisis y el turismo, el peligro acecha detrás de cada esquina.

Así que cuando te encuentres en el portal de tu casa, preparado para salir, respira hondo, porque la aventura comienza. 

Nada más atravesar el umbral recibirás el ataque de dos ciclistas desbocados. Ten cuidado. Como los velociraptores, son una especie que ataca en equipo. Pueden ir en la misma dirección o embestir desde posiciones opuestas. No lo pienses. La técnica para frustrar la agresión es la misma en ambos casos. Brazos arriba emulando a un banderillero y giro de 360 grados. Los ciclistas pasarán rozándote la chaqueta y emitiendo un aullido de rabia similar a ¡Mecagüentusmuertoooooos! Déjalo pasar. Sólo es su bramido de irritación por no cobrarse la pieza del día.

Rechazado el primer conato de peligro se activa la fase dos. Alerta de caza. Aunque no te encuentres atractivo, aunque tengas un mal día, aunque las ojeras te lleguen a los carrillos, no dudes ni por un instante que eres una presa codiciada. Y a lo largo del camino encontrarás trampas específicamente diseñadas para atraparte. 

Se presentan generalmente en forma de hombres/mujeres extremadamente atractivos, sexuales, sonrientes y simpáticos. Gente que en cualquier otro entorno ni siquiera pestañearía al verte pasar. Y te buscan a ti. 

El modus operandi es el siguiente. El cebo (aquí podéis elegir hombre, mujer, ambos, según vuestros gustos) se acercará con una sonrisa deslumbrante y una caidita de ojos que te quitará la respiración. Tus miembros se paralizarán por la sorpresa. Te cerrará el camino para que tengas que detenerte y, con voz aterciopelada, te dará los buenos días. ¡Y es entonces cuando empieza el ataque!

Pueden ser ONGs, encuestas de todo tipo, la cruz roja… Si te detienes estás perdido. Nadie, NADIE, puede, una vez parado, evitar escuchar el rollo que tengan preparado. NO SE PUEDE.

Si has sobrevivido a las trampas, no creas ni por un momento que ya estás a salvo. Seas de donde seas, en algún punto, llegarás a una zona turística y descubrirás el apocalipsis Zombi. ¿Hablo de una horda de muertos con pasión por la carne cruda? No. Es peor. Gente que está de vacaciones, que ha olvidado lo que es trabajar y sólo tiene ojos para edificios, estatuas, anuncios y escaparates. De forma opuesta a los Tiranosaurios, los turistas no perciben a la gente en movimiento. Puedes toser, decir ¡Perdón! En todos los idiomas que conozcas que el resultado será el mismo. Van a ignorarte. 

Y eso no es lo peor. Su forma de moverse es errática. Nunca sabes cuándo van a detenerse, cuándo van a girarse o cuándo vas a quedar inmortalizado en la foto de un danés vestido con la camiseta del Barça y sombrero Mexicano. 

Chocarás, empujarás, maldecirás… Da igual. Son demasiados. No puedes luchar contra ellos. Como mucho, puedes intentar gritar ¡Mirad, es Gaudí! lo más alto que puedas esperando provocar una desbandada general (no me hago responsable del mal uso que se dé a esta técnica).

Añadid a todo esto a carreteros (dícese de aquella gente atrapada por la crisis y la pobreza que se pasea con carritos del Carrefour por las calles), pedigüeños, tarados (normalmente en el metro), compañeros (que suelen ser sudamericanos en paro que se beben sus pagas a las ocho de la mañana y vuelven tambaleándose a sus casas al grito de “Cooompañeeeeero”), invidentes “movilísticos” (a estos les tengo un odio especial. Tío, si no puedes esperar a llegar a casa para mandar un mensaje, al menos párate. Y si no. MIRA HACIA DELANTE), excrementos de perro, socavones, desprendimientos de fachadas, obras, obreros y obradores, deportistas con cascos musicales, gente en baja forma con cascos musicales, agrupaciones del pitillo a la puerta del trabajo, habladores del móvil en círculo, competiciones de carritos de bebé ocupando la calzada, niños descarriados rompe rodillas y os iréis haciendo una idea de todo lo que hay que evitar.

Así que, cuando acabe el día, por muy mal que te haya ido, piensa que has tenido mucha suerte. Has llegado a casa.

¡Un abrazote!

P.D. A la chica de Oxfam Intermón de plaza universidad. ¡Loviuuu!

miércoles, 26 de febrero de 2014

26 / 02 / 14


Cornerrollo Diario

Empieza a hacer buen tiempo, con su calorcito, sus mangas cortas, tirantes y gafas de sol. Algo estupendo si no fuera porque nuestro astro rey y yo tenemos una orden de alejamiento perpetua.

Sufro de lo que llamamos síndrome del faro. Para todos aquellos que no sabéis de qué hablo, imaginad esta imagen. 

Estáis en la playa (río, piscina, bañera comunitaria) rodeados de gente tostándose al sol. Podéis observar diferentes tipos de morenos. 

El café colombiano, que es aquel negro uniforme que desdibuja facciones, contrasta con la blancura de los ojos y te hace pensar en alienígenas invasores dispuesto a realizar prospecciones rectales por su poca naturalidad. 

El Café au lait, que es aquella especie de marrón decolorado que te invita a dudar entre moreno cartón y suciedad mal distribuida.

Pasamos de los marrones para adentrarnos en los naranjas colorados (sí, soy un tío, no entiendo de colores. El Fucsia es y será siempre rosa fuerte) Importados de los países nórdicos y especialmente de Alemania, tenemos el Gamba style. Los reconoceréis por intentar parecer el logo de los langostinos de “La sirena” y porque el agua hierbe al contacto con su piel. 

Los naranjitos, que son un tema aparte. Entre otras cosas porque tienen ese mismo tono de piel durante todo el año y te hacen recapacitar muy mucho sobre los efectos secundarios que pueden tener los UVA sobre el cerebro.

Y por último (aunque entre los mencionados hasta ahora hay cientos y cientos de combinaciones) el faro. 

Sí amigos, estáis en una playa abarrotada. Tenéis sed. Vais al chiringuito dando saltitos ridículos porque la arena quema y porque consiguen mover vuestras chichas de forma sexi y sugerente. Conseguís una cerveza fresquita y… ¡Vaya! ¿Dónde estaba yo? Y entonces lo veis. Vuestro punto de referencia. El faro que ilumina el camino. Un tío blanco, pero blanco cegador, blanco uniforme, blanco vampírico de venas azuladas, blanco de anuncio de detergente, blanco de blanqueador dental, el blanco del túnel de luz del final del camino, que deslumbra gracias a su piel y al cemento que llama protector solar, que desvía los rayos de sol dándole un aura angelical.

Ese, ese soy yo.

No es que me guste especialmente. Más que nada porque cansa que te señalen, que para mirarte se pongan gafas de sol o necesiten ambas manos haciendo visera para poder mantener una vista directa. Pero te acostumbras. Lo he intentado todo, pero cualquier protector solar menor de 50 hace que parezca un Gamba Style a punto de erupción. Y lo que es peor, una vez erupciono (cambio de piel serpentino) lo que queda debajo es un nuevo y revitalizado blanco, blancote. Con lo que no vale la pena el esfuerzo.

Como dicen hay que aceptar lo que se tiene. ¡Y además, nunca me toca ir a por cervezas al chiringuito!

¡Un abrazote!

P.D. En la nieve soy un camaleón. Nunca sabréis qué os ha atacado. 

martes, 25 de febrero de 2014

25 / 02 / 14


Cornerrollo diario

Anoche tuve una charla/discusión/debate con una amiga y seguidora. Entre copas de vino y cerveza, el diálogo derivó de los temas más comunes, Ryan Goslyn, coches voladores, la insoportable levedad del ser, a la política. Y fue entonces cuando mi compañera me recordó una viñeta que hice hace eones.

Tirando de hemeroteca digital, recuperé la viñeta en cuestión. En ella hacía referencia (como podéis ver) a la necesidad de imponer ciertos límites a los políticos. La moraleja, si es que se hay algo parecido en alguna de mis viñetas, era que no deberíamos permitir que cualquiera accediera a un cargo político.

Y aquí empezaron las recriminaciones. Argumentaba (mi compañera) que de ser así, sólo las élites económicas serían capaces de ocupar los puestos de poder, aquellas que tuvieran acceso a una mejor educación y privilegios. Tenía razón (en parte) pero entonces le expuse mi reflexión (y rellené su copa más de vino para que entrara mejor y porque la embriaguez es mi técnica de flirteo más efectiva).

¿Por qué el trabajo de político no debe requerir las mismas exigencias que se piden para cualquier otro tipo de empleo? Que yo sepa, no hay nadie al que no se le exija un mínimo de capacidades para desempeñar su trabajo. A nadie se le ocurriría debatir la necesidad de que un médico haya cursado una carrera (de medicina), ni que un electricista se dedicara a arreglar el cableado eléctrico de una casa pensando que la corriente alterna es la cola de clientes de un prostíbulo.

Toda dedicación necesita de conocimientos específicos para poder desarrollarla. ¿Por qué los políticos no?.

Mi compañera seguía en sus trece, y el vino disminuía con demasiada lentitud para cualquier acercamiento provechoso. Los políticos no han de poseer conocimientos sobre un tema específico. Con tener un conocimiento global, basta.

Es posible, pero vamos a ver. ¿Qué es lo que hace un político? Hablo desde mi ignorancia, por supuesto, así que cualquier error en toda esta diatriba (¡al fin he podido colocar la dichosa palabra!) es mía, solo mía y del vino (blanco).

Para mí es muy sencillo. Un partido político tiene una idea de gobierno (la que sea) y conoce y quiere ejecutar los mecanismos necesarios para poder llevarla a cabo. ¿Qué es entonces lo que ha de hacer el político de forma individual?

Para empezar, debe saber hacer llegar el mensaje que defiende. Qué quiero, cómo lo quiero y por qué es beneficioso lo que quiero para el ciudadano. Si estamos de acuerdo en este punto, lo primero que se le debe exigir a un político, por tanto, es un nivel alto de retórica, lo que en términos sencillos denominaríamos saber hablar. Declaraciones del tipo, yo no sé mucho, pero mi primo que sabe de esto, me ha dicho que… DEBERÍAN incapacitar inmediatamente a alguien para ejercer un cargo político. 
La tarea del político, además, no se circunscribe al gobierno de su propio país. En un mundo globalizado en el que la interdependencia es la clave, que un gobernante crea que good Morning es una marca Holandesa de chocolate DEBE incapacitarlo para ejercer.

Como también es incuestionable que, si su trabajo es por y para el pueblo, en ningún momento debería poder rehuir la responsabilidad de responder por sus actos ante la prensa. Por tanto, bochornosas actuaciones como declaraciones sin turno de pregunta, o mejor aún, las plasmeras en Alta Definición, están totalmente fuera de lugar y DEBEN alejar al mencionado de la política.

Tampoco es una locura demandar que posean estudios superiores (como se pide en multitud de otros trabajos sin la misma trascendencia) o incluso algún tipo de estudio propio (como lo es el CAP para los trabajadores que quieran dedicarse a la enseñanza).

Demandaría muchos otros requisitos, claro, pero creo que estos ya descalificarían a la mitad de los gobernantes que tenemos ahora mismo. ¿Es elitista? Quizá. Pero también lo es el trabajo al que quieren acceder. Y lo voy dejando porque esto se alarga demasiado y está quedando mucho más serio de lo que pretendo. 

Para solucionarlo, algunas palabras sueltas; sobaquillo, menosmola, quiropráctico, coliflower. ¿Alguna relación con lo expresado hasta ahora? No, pero hacen gracia.

¡Un abrazote!

P.D. El vino se acabó sin resultados positivos. 

lunes, 24 de febrero de 2014

24 / 02 / 14


Cornerrollo del día

Hoy se me ha llevado el coche la grúa. El puteo sería menor si pudiera descargarlo en otra persona que no fuera yo mismo, pero no es el caso. En general, suelo aparcar en Montjuic, que es de los pocos lugares en Barcelona donde el aparcamiento sigue siendo gratuito. Tardo casi 15 minutos en llegar a casa pero vale la pena. Ahorro dinero y cuido mi figura sirenera sin necesidad de apuntarme a un gimnasio al que no acudiré.

Sin embargo, el sábado llegué tan cargado que decidí dejarlo en una zona de carga y descarga que hay frente a mi casa. Subí y… me olvidé de él. Esta mañana me he despertado con la típica sensación de “olvidas algo importante”. Le he dado vueltas y vueltas mientras me hacía el café, pero nada. Consciente de que cuando algo así sucede, presionar no sirve de nada, me he puesto a hacer mis cosas y de pronto, al sentarme en mi silla de despacho con ruedas… ¡Ostia, los donuts! Los he cogido del armario y ahí ha sido cuando he recordado que había dejado el coche mal aparcado. 

He salido escopeteado con mi atuendo de estar por casa (super sexi), sin peinarme, con las pantuflas, el pelo a lo super guerrero nipón y las llaves del coche tintineando como los cascabeles de un carro tirado por caballos saltando las escaleras de tres en tres mientras las puertas de los vecinos se abrían para descubrir a qué se debía el escándalo. He salido a la calle resollando como un fuelle, los ojos inyectados en sangre y rastros de babilla blanquecina incrustada en la comisura de los labios. 

La gente se apartaba como si estuviera infectado con la rabia. Alguno señalaba con estupor, una madre ha protegido a su niño de tres años tapándole los ojos y lanzándome una “miramadre” de reprobación y disgusto. Una abuela me ha regateado con su carrito de la compra y el pedigüeño de la esquina ha protegido su bote de monedas con ojos de furiosa determinación. Y al llegar… No estaba. ¡Mierda! Se lo ha llevado. La grúa. ¡La grúa! ¡LA GRU…! Y me he detenido porque todo el mundo sabe que si pronuncias tres veces Grúa en la calle, un aparcamiento gratuito se transforma en zona azul.

Desesperado, puteado y resignado, me he vuelto para casa. Me faltaba la típica botella envuelta en una bolsa de plástico para encarnar al esquizofrénico sin casa que sale en una de cada tres películas Hollywoodienses. 

Al llegar, he puesto en orden mis pensamientos y he marcado prioridades. Averiguar dónde está el coche. Adecentarme. Ir a buscarlo. Tres sencillos pasos… Que no son tan sencillos. Para empezar, he buscado en la web del ayuntamiento. Como son gente inteligente, no te dan toda la información de golpe para que no se produzcan casos de infarto cerebral (hay que recortar en sanidad, ¿recordáis?) Así que primero te informan de los pasos a seguir: Averiguar dónde está tu coche (¿no había dicho yo algo parecido?) Las tasas que tendrás que abonar (primer mini infarto) y la multa que llegará más tarde (segundo mini infarto). Para encontrar tu coche te dan a elegir entre tres sistemas: puedes buscarlo en la web, enviando un SMS como si fuera un concurso de Envía TERELU SI TERELU NO al 902010 para conseguir una TERELU en miniatura, o llamar a un 901 de pago.

Como no me considero un playboy derrochador, he entrado en la web y, ¡sorpresa! No funciona. En NINGÚN navegador (para todos aquellos que queráis hablarme de Cookies, cackies y chuminus. Dejo la web para los “escepticons” wwww.bsmsa.cat ) He probado con el mensaje…¡Sorpresa! Sin respuesta. Y por último he llamado al 901 que, después de 10 minutos de opciones, me aconsejaba entrar en la web o enviar un SMS.

Cabreo nivel 9 y medio después, he conseguido contactar con un operador que no encontraba mi coche. A lo mejor te lo han robado… ¡Claro! ¡Una maravilla de la ingeniería de hace 20 años, que se aguanta gracias a las capas de mierda que se han ido incrustando con los años, es el caramelo prohibido de todo ladrón que se precie! Quince minutos después lo ha localizado… ¡Ah! Lo había puesto mal… (Como tu madre tu cerebro, imbécil), he decidido no adecentarme y me he ido al depósito.

Allí me he encontrado con una cola de colegas del puteo que se pueden catalogar según su expresión corporal. Hombros abatidos, mirada perdida,  rictus de desprecio. Estos son los míos. Se lo han llevado y encima no puedes culpar a otra persona. Cuerpo en tensión, mandíbulas apretadas, paseos cortos en todas direcciones como una pantera enjaulada. Se han llevado su coche y están convencidos que no ha sido culpa suya. Nivel de peligrosidad elevado. Mirada de sorpresa, alguna sonrisa cómplice, fotografiando el evento… Turistas que contarán su batallita. Hay que evitarlos para que no haya un baño de sangre.

A la hora de pagar, me han informado que la grúa costaba 150 eurazos más 60 de multa que podía reducir a la mitad por pronto pago. (y he pagado con un pronto, claro). ¡Pero espera! A partir de las 4 horas te cobran además 2 euros por… ¡Estancia en parking! Nivel de puteo 10 sobre 10. 

Me he llevado el coche, lo he aparcado en la montaña, me he ido a casa, y entonces, sólo entonces, es cuando me ha llegado el SMS diciéndome dónde podía recoger el coche.

¡Un abrazote!

P.D. Necesito mimos.
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